Si bien los emprendedores no pueden
controlar la inflación, las tasas de interés ni las cadenas de suministro
globales, sí tienen una influencia significativa sobre lo que ocurre dentro del
emprendimiento. La productividad, es decir, cuán eficazmente una empresa transforma
recursos en valor, se convierte en uno de los factores más poderosos no
solo para la supervivencia, sino también para el crecimiento. Mejorar la
productividad no consiste en trabajar más horas; consiste en
diseñar una organización capaz de eliminar desperdicios, definir claramente
cómo se realiza el trabajo e invertir de manera inteligente en herramientas que
mejoren la eficiencia interna.
1. Reducir desperdicios: hacer visibles
los costos invisibles
Las mejoras más simples en productividad a
menudo no provienen de hacer cosas nuevas, sino de dejar de hacer
actividades que no agregan valor. Los principios de la administración con
enfoque Lean definen el desperdicio como cualquier uso de
tiempo, esfuerzo o recursos que no incrementa valor desde la perspectiva del
cliente. Este concepto suele resumirse a través de diferentes categorías como
por ejemplo productos defectuosos, excesos en producción e inventarios,
retrasos en los plazos, deficiente asignación de recursos, duplicación de
tareas, movimiento innecesario de recursos, entre otros.
El desperdicio existe en todas las
organizaciones, independientemente de su tamaño o industria. En los
emprendimientos nuevos, a menudo el desperdicio se “esconde” detrás de los
procesos informales y de lo que parece “urgente”. Por ejemplo, un equipo de logística
de distribución que debe repetir el proceso de pedido de clientes debido a
especificaciones poco claras (defectos), o el emprendedor que
insiste en aprobar todos los detalles incluso en procesos básicos (retrasos). En
general, el desperdicio puede manifestarse como la duplicación de datos,
reuniones largas que podrían evitarse con un correos electrónicos precisos y
oportunos, incluso empleados que realizan tareas para las cuales nunca
recibieron el entrenamiento adecuado.
Por ejemplo, un pequeño emprendimiento de
comercio electrónico que experimenta errores frecuentes en el procesamiento de
órdenes. Cada error da lugar a reembolsos, reenvíos y quejas de clientes,
ninguno de los cuales crea valor. Al identificar los errores como una forma de
desperdicio y abordar el problema desde su raíz (por ejemplo, instrucciones
confusas, plazos inadecuados, empaque deficiente, etc.), la empresa puede
reducir costos y, al mismo tiempo, mejorar la satisfacción del cliente.
Por otro lado, la reducción de desperdicios
impacta directamente en la rentabilidad del negocio, la eficiencia operacional
e incluso en la motivación de los empleados. Más importante aún, fomenta
una mentalidad de mejora continua: los equipos comienzan a
cuestionarse por qué se hacen las cosas de cierta manera y si realmente añaden
valor al proceso o incrementan la satisfacción del cliente. Para
emprendimientos con recursos limitados, la reducción de desperdicio es, sobre
todo, una herramienta poderosa para la asignación eficiente de recursos dentro
de la organización.
2. Aclarar los procesos: la
productividad sigue a la claridad
Muchos emprendedores subestiman cuánta ineficiencia es causada por procesos internos poco claros. En las etapas tempranas de un emprendimiento, los roles suelen superponerse, las responsabilidades no son claras o se cambian frecuentemente, y muchas veces el trabajo se realiza a través de conversaciones informales en lugar de procedimientos estructurados. Si bien esta flexibilidad puede ser una ventaja al inicio, se convierte en una desventaja a medida que el emprendimiento crece. Un proceso interno eficiente se construye en torno a cinco elementos críticos:
- Objetivo del proceso: cuáles son los resultados esperados o qué se pretende lograr al final del proceso.
- Secuencia y actividades del proceso: cómo fluye el trabajo desde el inicio hasta el final.
- Responsables: quiénes participan y cómo contribuyen en el desarrollo del proceso
- Recursos: los recursos humanos, físicos y no físicos que son necesarios.
- Indicadores de eficiencia: cómo se monitorea y se mide el desempeño del proceso
La claridad de un proceso no requiere
necesariamente manuales extensos ni diagramas complejos. Lo que importa es la
comprensión lógica del proceso; es decir, todos los involucrados deben saber
cuál es el resultado esperado al final del proceso, quién hace qué y cuándo,
que clase de recursos deben utilizarse y los parámetros que deben aplicarse
para medir el desempeño del proceso.
Por ejemplo, consideremos el caso de un
pequeño negocio que prepara propuestas de servicios de manera inconsistente
debido a que en algunas ocasiones lo elabora el equipo de ventas, otras veces
algún otro empleado y en otras ocasiones el dueño del negocio. ¿Cuál es el
resultado previsible? A veces se incumplen plazos, los precios varían y los
clientes reciben mensajes incompletos o incluso contradictorios. Al diseñar
claramente el proceso de elaboración de propuestas, definiendo responsables,
secuencia de actividades, insumos requeridos y plazos, la empresa puede reducir
errores, acortar los ciclos de respuesta y proyectar una imagen más
profesional.
En la práctica, las empresas que definen
sus procesos claramente suelen observar mejoras inmediatas en eficiencia del
proceso y en la asignación de recursos y responsabilidades; el trabajo avanza
más rápido, se cometen menos errores y los empleados experimentan menos
frustración. Con el tiempo, estas mejoras se reflejan en los resultados
financieros a través de reducción de costos y resultados financieros más
predecibles.
3. Invertir para ser más eficientes: la
tecnología como aliada estratégica
Las mejoras en productividad no se basan
únicamente en disciplina y claridad; también requieren inversiones
inteligentes. La tecnología, cuando está alineada con las necesidades del
negocio, es una de las herramientas más poderosas para reducir costos y liberar
capacidad humana.
Para muchas pequeñas empresas, el primer
paso es sorprendentemente básico: dejar atrás las hojas de cálculo, los
registros en papel y la entrada manual de datos. Los sistemas contables en la
nube, las aplicaciones de atención al cliente y las plataformas de inventario
en línea pueden reducir drásticamente el esfuerzo administrativo, al tiempo que
mejoran la precisión y la visibilidad.
En algunos casos, la oportunidad de mejora
no necesariamente implica comprar un nuevo software, sino utilizar mejor el que
ya existe. Es común encontrar empresas que invirtieron en sistemas, pero nunca
los adoptaron plenamente. Revisar estas herramientas y aprovechar
funcionalidades poco utilizadas puede generar resultados rápidos a un costo
mínimo.
Las soluciones más avanzadas, como la
automatización, la robótica o la maquinaria computarizada, ya no están
reservadas únicamente para las grandes corporaciones. Estas tecnologías se han
vuelto más accesibles y pueden mejorar significativamente la consistencia y el
rendimiento, especialmente en empresas de manufactura o logística de
distribución. Es importante destacar que la automatización no elimina la
necesidad de personas; sino que permite que los empleados se concentren en
tareas de mayor valor que requieren criterio, creatividad y construcción de
relaciones.
En este punto, la inteligencia artificial
merece una atención especial. La IA no es una solución mágica, pero ofrece
beneficios prácticos que ya están disponibles. Una forma útil de pensar en las
herramientas de IA es como si se le asignara un asistente a cada
empleado. Tareas como redactar correos electrónicos, preparar propuestas,
resumir documentos, responder consultas rutinarias de clientes o procesar
facturas pueden automatizarse parcialmente o acelerarse con el apoyo de la IA.
Si cada empleado obtiene incluso una
pequeña mejora en productividad, el efecto acumulado en toda la organización
puede ser significativo. Además, muchas plataformas de software existentes ya
incorporan capacidades de IA que los propietarios de negocios quizá ni siquiera
conocen. Explorar estas funciones puede generar valor adicional sin grandes
inversiones nuevas. No todas las empresas están listas para proyectos de IA a
gran escala; sin embargo, para aquellas que enfrentan problemas complejos,
grandes volúmenes de datos y acceso a las herramientas adecuadas, la IA puede
convertirse en una ventaja estratégica en lugar de una simple novedad.
Conclusión: la productividad como
disciplina competitiva
En mercados inciertos, la productividad no
es simplemente una iniciativa; es una disciplina. Al reducir sistemáticamente
el desperdicio, mejorar continuamente los procesos e invertir de manera
inteligente en tecnologías que mejoran la eficiencia, los emprendedores pueden
fortalecer sus negocios de adentro hacia afuera.
El hilo conductor de estos tres enfoques es
la intencionalidad. En lugar de reaccionar ante presiones externas
con cautela o demora, las empresas productivas toman el control proactivo de
sus operaciones internas. Este enfoque no solo mejora el desempeño a corto
plazo, sino que también construye una base para el crecimiento a largo
plazo. En tiempos difíciles, trabajar más duro rara vez es suficiente.
Trabajar de manera más inteligente es lo que permite a los emprendimientos
sobrevivir y, con el tiempo, prosperar.

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