En la
"República" de Platón, un estudiante llamado Glaucón, refiere la
siguiente historia, en desafío a una enseñanza socrática sobre la honestidad y
la justicia. Un hombre llamado Gyges encontró en una cueva un esqueleto con un
anillo. Cuando Gyges se puso el anillo, descubrió que lo hacía invisible. Entonces
se enfrentó un dilema: ¿usaría su invisibilidad para bien o para mal? Sócrates
argumentaba que las personas son buenas por naturaleza. ¿Está usted de acuerdo con Sócrates? Hay
quienes creen que la humanidad es esencialmente corrupta. Si esto es cierto, ¿qué
tan corrupta? En su libro "Freakonomics", Stephen J. Dubner y Steven
D. Levitt describen el interesante caso de Paul Feldman y sus rosquillas.
Mientras
estudiaba economía agrícola en la universidad de Cornell, Paul Feldman soñaba
con acabar con el hambre en el mundo. Sin embargo, en 1962, después de concluir
su doctorado en la universidad de Massachusetts (M.I.T)., terminó trabajando en
un instituto de investigación en Washington, analizando los gastos militares de
la Marina de los Estados Unidos; cuatro
años después estaba a cargo de un equipo de investigación de alto nivel
dependiente del Gobierno. Amante de la economía y la investigación solía desarrollar
investigaciones independientes que fueron rechazadas por varias agencias
especializadas. Incluso desarrolló un método estadístico para predecir grupos
de cáncer, pero como era economista y no médico, su investigación no fue
considerada por el Instituto Nacional del Cáncer.
Tenía un
trabajo muy bien pagado, pero no estaba satisfecho. "Iba a la fiesta de
Navidad de la oficina y la gente me presentaba a sus esposas o esposos como el
tipo que trae las rosquillas", recuerda Feldman ''¡Oh, tú eres el que trae
las rosquillas! Nadie decía: 'Es es el responsable del equipo de investigación.’”
La historia de las rosquillas había comenzado como un gesto casual: la de un
jefe que mostraba su afecto a sus empleados cada vez que ganaban un nuevo
contrato de investigación, luego esto se convirtió en un hábito. Todos los viernes
Feldman, traía media docena de rosquillas y un poco de mantequilla. Cuando los
empleados de los pisos vecinos se enteraron lo de las rosquillas, también
querían algunas. Al final, Feldman termino llevando 15 docenas de rosquillas
por semana y tuvo que incluir un ánfora donde los empleados hacían aportes
voluntarios para recuperar el costo de las rosquillas. Eventualmente, su tasa
de recaudación alcanzo, en promedio, alrededor del 95 % del costo total. En
1984, cuando el instituto de investigación cambio de administración, Feldman
tomo una decisión inesperada: renuncio a su trabajo para vender rosquillas. Sus
colegas pensaron que se había vuelto loco, pensaban que esto sería un terrible
"desperdicio de talento” pero su esposa apoyó con entusiasmo su decisión.
Al final de cuentas ya no tenían deudas y todos sus hijos eran independientes ¿por
qué no intentarlo?
Desde el
inicio su estrategia fue muy sencilla, se presentaba en el complejo de oficinas
en la mañana y hacia una presentación simple: temprano en la mañana, dejaría las
rosquillas y un ánfora para recoger aportes voluntarios. Un modelo de negocios extremadamente
simple basado en la confianza personal que, en poco tiempo, demostró ser
exitoso. En pocos años, Feldman estaba entregando 700 docenas de rosquillas por
semana a unas 140 empresas y ganaba tanto como lo había hecho como jefe de
investigación; se había liberado de la rutina del trabajo, ahora era feliz y sin
pensarlo, había diseñado un interesante experimento económico. Al comparar el dinero
recaudado con las rosquillas que se habían consumido, Feldman podía decir con
exactitud cuán honestos eran sus clientes; podía diferenciar claramente entre una
empresa honesta y otra deshonesta e incluso podía predecir bajo que circunstancias
las personas tienden a robar más o menos.
Después de ocho
años su negocio seguía creciendo y Feldman daba rienda suelta a su espíritu de
economista e investigador. Sabía, por ejemplo, que en los últimos ocho años había
entregado 1.375.103 rosquillas, de los cuales 1.255.483 fueron consumidas; también
sabía que había entregado 648,341 rosquillas dulces, de las cuales 608,438 se habían
consumido. Pero lo más importante es que sabía mucho sobre la tasa de pago.
Cuando entró en el negocio por primera vez y basado en la experiencia en su
propia oficina, esperaba un pago del 95 por ciento; pero, como señalan Dubner y
Levitt, "el crimen tiende a ser bajo en una calle donde está estacionado
un auto de la policía.” La tasa del 95 por ciento era artificialmente alta: la
presencia de Feldman había disuadido el robo. Mas aun, “esos ‘clientes’ conocían
al proveedor y probablemente tenían simpatía por él” concluyen Dubner y
Levvitt.
En la
práctica, Feldman aprendió a conformarse con menos del 95 por ciento (actualmente
la tasa de pago es, en promedio, alrededor del 89 por ciento). Según su
experiencia, considera a las empresas "honestas" si el pago es del 90
por ciento o más. "Los promedios entre 80 y 90 por ciento son molestos
pero tolerables", dice. "Por debajo del 80 por ciento, son definitivamente
un dolor de cabeza.” Lo más interesante
es que, por una parte, Feldman ha notado una fuerte correlación entre las altas
tasas de pago y un ambiente laboral donde la gente disfruta de su trabajo y el
jefe goza de estima y confianza. Por otra parte, las organizaciones más pequeñas
tienen tasas de pago mas altas. En efecto, dice Feldman, “una oficina con pocos
empleados generalmente paga en promedio entre un 3 y 5 por ciento más que una oficina
con cientos de empleados.” Segun Dubner y Levitt esto tiene mucho sentido: “pareciera que en
una oficina más grande, con una gran multitud alrededor de la mesa de las rosquillas, es más
difícil evadir el pago; pero en la práctica esto es como el crimen callejero: “Hay
mucha menos delincuencia per cápita en las comunidades pequeñas que en las grandes
ciudades, en gran parte porque en comunidades pequeñas es más probable que se reconozca
al delincuente y por lo tanto, se lo atrape.” Además, “una comunidad pequeña tiende
a ejercer mayores incentivos sociales contra la delincuencia, siendo la
principal la vergüenza” concluyen Dubner y Levitt.
¿Que piensa usted de esto? Paul Feldman esta decididamente del lado de Sócrates y
declara su fe en la humanidad, al fin y al cabo, el sabe que esto es cierto…al
menos en el 89 % de los casos.